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martes, 2 de junio de 2009

Cubo de basura 1



Un niño (un individuo menor de 14 años) tiene fiebre por ejemplo. Si son las nueve de la mañana su madre puede llamar a su centro de salud para pedir cita con el pediatra y es muy probable que le digan que se la dan para dentro de dos días o de cuatro. Por supuesto no se plantea dar un aviso domiciliario. Los pediatras extrahospitalarios, los que trabajan en atención primaria, no hacen avisos domiciliarios. La madre no se plantea ni protestar. Se calla.


Llegan las 15 horas. El niño sigue con fiebre. La madre descuelga el teléfono y llama al PAC correspondiente. Exige que el niño sea visto en su domicilio porque tiene fiebre. Ante la sugerencia de que lo traiga al PAC monta en cólera, apela a sus derechos, es posible que incluso con malos modos, porque se siente muy ofendida con solo que se le haya hecho la sugerencia, aunque por la mañana hubiera estado encantada de haberlo llevado al centro de salud para que lo hubiera atendido su pediatra.


Un médico de familia, (porque los pediatras al parecer no tiene el deber de hacer guardias en los PAC extrahospitalarios: y no las hacen) que ha comenzado la guardia despues de ver los pacientes que se le han citado en la agenda esa mañana hasta las 13 horas, más las presuntas urgencias que se han presentado sin número (pongamos que 58 citas en total, por ejemplo), cogerá el coche y se personará en su domicilio. Explorará al niño. Le pondra el tratamiento correspondiente y se volverá al PAC a seguir viendo los niños que llenan la sala de espera, a esa hora, porque tienen fiebre o mocos o lo que sea y tampoco han recibido número para ver al pediatra ese día.


¿Ha cambiado la legislación?, ¿conocemos siquiera la legislación que da cobertura a este asunto?. ¿Como puede ser que cualquiera pueda dar un aviso domiciliario a un médico de familia en cualquier lugar del territorio nacional (por ejemplo un chalét en medio del campo), en jornada ordinaria o de urgencia por cualquier motivo, incluso el más banal y no a un pediatra que trabaja en las mismas condiciones cuando es un niño el enfermo?. ¿Porqué se ha asumido esto con naturalidad por todo el mundo, incluido los médicos de familia?. ¿Porque no protestamos?.


Para mí es un reflejo del estatus real que tenemos, es decir del valor que nos damos y que nos dan, de la parcela de poder que ocupamos dentro del sistema. Otras especialidades imponen, y hacen bien probablemente, sus condiciones: a nosotros nos imponen las nuestras. Y más vale que no nos quejemos. Si no, todo el mundo se nos echará encima, nos ganaremos enemigos, nos acusarán de no ser fieles a nuestro ideario "Alma-Atense" y unas cuantas cosas más.


En el reciente Congreso de atención primaria celebrado en C.Real, Vicente Baos http://vicentebaos.blogspot.com/2009/05/crisis-en-la-medicina-de-familia-o-en.html dió una ponencia magnífica, donde definía algunos cambios organizativos racionales y muy factibles que mejorarían ostensiblemente nuestra práctica y nuestra autoestima profesional. Una de las reivindicaciones era tener una agenda estable con un respeto al tiempo adjudicado a cada paciente, cosa que me parece una reivindcación fundamental y que nadie discutiría en una especialidad hospitalaria.


Al terminar la charla comenté el asunto con un alto responsable de la administración autonómica, medico de familia él mismo. La respuesta fue parecida a esta: en muchos cupos pequeños (de pueblos se supone) tienen pocos pacientes y no hacen nada. Ni siquiera había contemplado que hubiera un problema con el exceso de demanda y por tanto no le preocupaba en absoluto. Y es que ya se sabe. Los ciudadanos nos valoran muy bien en las encuestas: estamos en la mejor atención primaria de la mejora sanidad del mundo. Y no hay porqué pensar en modificar nada. Y quien se queje será simplemente un inadaptado de este mundo feliz.