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domingo, 30 de mayo de 2010

Amor y occidente

El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida. Octavio Paz


En todas las épocas probablemente ha habido un sentimiento amoroso pero luego cada una construye una ideología del amor. El amor pasión es la construcción ideológica del amor en occidente que pervive, transmutándose, a través de la historia desde aproximadamente el siglo XII. Entonces en la llamada occitania (la actual Provenza) nació una forma de amar (el “amor cortés”) en el contexto de una sociedad feudal con un determinado código de vasallaje. El ritual del amor cortes era una ficción poética, una regla de conducta y una idealización de la realidad social que contenía algunos elementos de trasgresión. Para los adeptos al amor cortés el matrimonio (entonces basado en la conveniencia familiar) se convertía en un yugo injusto que esclavizaba a la mujer, mientras que los ritos de la cortesía amorosa la elevaban de súbdita a señora, lo que suponía un cambio cultural importante aunque no fue acompañado de cambios en los derechos sociales y políticos.


Parece que esa forma de amar se extendió gracias a los trovadores y se convirtió en un ideal de vida a causa de su influencia en las leyendas del ciclo artúrico. Denis de Rougemont[i] utilizó la leyenda de origen celta de Tristan e Isolda, recogida en muchas obras medievales, para analizar los rasgos del amor pasión que él consideraba un mito para ocultar las conexiones entre la pasión y la muerte. “Necesitamos de un mito para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ella todas sus fuerzas. Queremos salvar esa pasión y amamos esa desgracia y, por otra parte, nuestras morales oficiales y nuestra razón las condenan.” En esa leyenda se incluyen elementos mágicos y trágicos que quizá se apartan del ideal de cortesía pero que sirven al autor para exponer su tesis de que esa forma de amar no puede constituir la base del matrimonio cristiano porque es en sí misma adúltera (el amor pasión se extinguiría cuando desaparecen los obstáculos y los amantes se tienen) y porque en último término late una pulsión autodestructiva de muerte o pérdida irremediable. Justo lo que ocurre en todas las “historias de amor y muerte” que tanto nos gustan. Por eso para él el amor feliz no tiene historia” y cree que esto es el eco de ideas cátaras, hipótesis cuestionada por otros autores[ii]. En cualquier caso los elementos de la pasión habrían ido transfigurándose en distintos géneros literarios (lo que incluye el cine y la televisión) para propagar su mensaje de radicalidad, de alimentación por los obstáculos, de involuntariedad, de dulce desdicha, de deseo más fuerte que la propia muerte.


Según Octavio Paz[iii] los elementos constitutivos de lo que debe entenderse por amor en nuestra cultura son los siguientes:


1. Exclusividad


El enamorado quiere únicamente a una persona y le pide a ella que lo quiera con el mismo afecto exclusivo. El verdadero amor consistiría en trasformar el apetito de posesión en entrega, por eso exigiría reciprocidad. Para él no existen medias tintas: no puede amarse a dos personas al mismo tiempo. Eso solo podría ocurrir en un momento de transito de un amor a otro donde la elección ineludible se convertiría en la prueba del amor, resolviendo, a veces con crueldad, el conflicto. En el fondo late un misterio: ¿porqué amamos precisamente a esa persona y no a otra?.


2. Obstáculo y transgresión


Desde la dama de los trovadores el amor ha estado ligado al obstáculo y de alguna manera se ha nutrido de él. En el pasado era sobre todo de orden social. La sociedad feudal era jerárquica y la pasión amorosa violaba un doble código: la dama era casada y su enamorado, el trovador, era a menudo de rango inferior. Con el paso del tiempo este tipo de obstáculo sigue existiendo, ya que el status social sigue siendo una de las mayores barreras que tienen que superar algunos enamorados. También la raza, la religión u otras ideologías políticas cerradas. Y la homosexualidad, todavía tabuizada que muchas sociedades


3. Dominio y sumisión


El arquetipo del amor cortés fue la relación señorial, los vínculos que unían al vasallo con el señor. La relación amorosa se funda en una ficción, el código de cortesía. El enamorado escoge voluntariamente a su señora y al hacerlo escoge también su servidumbre. La dama de alta alcurnia olvida, voluntariamente su rango y cede su soberanía. Los enamorados buscan reconocimiento en el otro, se sitúan en una relación de dependencia (¿voluntaria?) en cuanto eligen el objeto de su amor que de inmediato se convierte en un sujeto que puede desearlos o rechazarlos.


4. Fatalidad y libertad


El amor sería una atracción involuntaria hacia una persona y la voluntaria aceptación de esa atracción. Algo esencialmente paradójico y misterioso. Por eso para justificar la naturaleza de esa atracción a lo largo de la historia se ha echado mano de distintos argumentos. Desde el principio brebajes y hechizos mágicos, el “filtro amoroso” que tomaron Tristan e Isolda. En el Renacimiento y la Edad Barroca el símbolo fue el imán que representaba dos legados de la antiguedad: la teoría de los cuatro humores y la astrología. Afinidad y repulsión de temperamentos, la influencia de los astros. Los Románticos y los modernos apelan a explicaciones psicológicas y fisiológicas para justificar una atracción fatal que estaría en el centro de la droga del amor, a la que los enamorados parecen no poder sustraerse.


5. Cuerpo y alma


El amor exigiría la noción de persona que Octavio Paz liga a la de alma encarnada en un cuerpo. Para él hay una continuidad entre alma, persona y amor. Lo que lleva a otra paradoja en este caso trágica: se amaría simultáneamente un cuerpo mortal sujeto al tiempo y a sus accidentes y un alma presuntamente inmortal. Un nuevo obstáculo que siempre hace cabalgar al amor en la tragedia de la pérdida.


[i] Rougemon, Denis. Amor y Occidente. Kairós editorial,1978

[ii] Octavio Paz cuestiona esta idea que antes había admitido en La llama doble.

[iii] Paz, Octavio. La llama doble. Seix Barral, 1993


martes, 27 de abril de 2010

Erotismo

Aunque el erotismo parece estar de moda y la palabra erótico invade nuestra cultura en los últimos decenios, su significado puede no estar tan claro o tener significados equívocos. Todo el mundo parece entender lo que significa que una situación sea erótica o que una persona suscite erotismo pero no todas lo pueden explicar coherentemente.

La REA define erotismo. (Del gr. ἔρως, ἔρωτος, amor, e -ismo) como “amor sensual”. La segunda acepción sería elcarácter de lo que excita el amor sensual” y la tercera la “exaltación del amor físico en el arte”. Sensual (Del lat. sensuālis). a su vez tiene tres acepciones: 1. Perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos; 2. Se dice de los gustos y deleites de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen y de las personas aficionadas a ellos. 3. Perteneciente o relativo al deseo sexual. El erotismo por tanto se liga al disfrute de los sentidos, al placer, a la sexualidad. A la vez parece que a un deseo sexual no necesariamente vinculado a la exclusividad afectiva.

En El Banquete Platón[i] para explicar el misterio de la atracción universal que sienten los seres humanos expone hasta seis teorías, aunque las más conocidas son dos.

· Una la pone en boca de Aristófanes y es conocida como el mito del andrógino. En un principio había tres sexos: el masculino, el femenino y el andrógino, compuesto por seres dobles: dos hombres unidos, dos mujeres unidas, un hombre y una mujer unidos. Estos últimos eran fuertes, inteligentes y amenazaban a los dioses por lo que Zeus decidió dividirlos para someterlos. Desde entonces las mitades separadas andan en busca de su mitad complementaria, de su “media naranja”, lo que explica todas las formas de atracción humanas.


· Otra en boca de Sócrates que relata una conversación que tuvo con Diotima de Mantinea, una sabia sacerdotisa. Parte de lo que ya ha demostrado previamente en el texto: como solo puede desearse lo que no se posee, para explicar el impulso del deseo recurre a Eros que no es un dios ni un mortal: es un daimon, un espíritu, entre los dioses y los mortales, que ejerce la función de comunicarlos. Engendrado en el festín del nacimiento de Venus es hijo de Poro (la abundancia) y de Penia (la pobreza) y eso explica su naturaleza de intermediario: comunica la luz con la sombra, el mundo sensible con las ideas. Como hijo de Penia es pobre, seco, miserable, inseparable compañero de la carencia. Como hijo de Poro está al acecho de lo bello y lo bueno, es valeroso, resuelto, diligente, temible cazador, poseedor de innumerables recursos, eterno aspirante a la sabiduría. No es mortal ni inmortal y en un mismo día tan pronto florece y vive como muere para revivir de nuevo. Nunca carece de recursos, ni nunca es rico y queda a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia. Eros produce en los hombres deseo hacia lo que no tienen y les hará felices: belleza, bondad, conocimiento, inmortalidad. Seguir la línea de ese deseo correctamente supone ir ascendiendo en una escala de conocimiento. Se comienza deseando la belleza de un cuerpo y engendrar en él bellos discursos pero debe comprenderse que si lo que se persigue es la belleza de la forma hay que desear todos los cuerpos bellos; después hay que darse cuenta que la belleza de las almas es mayor que la de los cuerpos y hay que desear la belleza que hay en las normas de conducta y en las leyes, en las ciencias; por fin hay que desear la propia idea de belleza en sí, inmortal, la que da realmente valor a la vida de un hombre. La atracción sensual hacia los cuerpos y la procreación (una forma de acercarse a la inmortalidad) se considera solo una fase en el ascenso hacia la belleza en sí, pero quizá el escalón donde se quedan la mayoría de los mortales que no pueden ser correctamente iniciados y tener acceso a la sabiduría. Un deseo que viene de fuera, que procede de un daimon y al que es difícil resistirse.

Camilo José Cela[ii] que fue de los pocos autores que escribió en España directamente sobre este tema llama erotismo “al apetito sexual contemplado en sí mismo o en función de los signos, zonas erógenas, situaciones y objetos capaz de fijar la atención o despertarlo de su sueño. El erotismo es la exaltación –y aún la sublimación- del instinto sexual, no siempre ni necesariamente ligada a la función tenida por sexual en el habitual uso de las ideas o palabras”. Cela afirma que “llega a convertirse en el soporte –consciente, inconsciente y aún rechazado- de toda actividad”.

Francesco Alberoni[iii] especula sobre las diferencias entre erotismo masculino y femenino en nuestra sociedad. Para él el erotismo femenino es más continuo, más ligado al afecto y a la necesidad de ser deseada, de gustar, de manera continuada, duradera. Es un erotismo más sensual, más táctil con fantasías ligadas a la literatura rosa. El erotismo masculino sería más discontinuo, más ligado a lo puramente sexual y a la posibilidad de variación, de tal forma que teme el compromiso y su mayor fantasía es una mujer bella que no “le de problemas”, que no reproche, que esté siempre disponible pero que no pida nada a cambio. La fantasía que representa Marilyn Monroe. Este erotismo sería más visual y más ligado a las representaciones de la pornografía. Esta diferencia crearía una tensión que no acaba de resolverse en nuestra cultura y que es motivo de desencuentros continuos.

David M. Buss[iv] y otros psicólogos evolutivos plantean que las diferencias en el deseo entre los sexos tiene importantes raíces evolutivas porque las estrategias de relación son soluciones adaptativas a los problemas de emparejamiento y algunas son más frecuentes que otras porque han supuesto soluciones exitosas a lo largo de la evolución humana. Así, en la mayoría de las sociedades las mujeres suelen ser más selectivas sexualmente y generalmente rechazan encuentros anónimos y prefieren cierto grado de compromiso. Esto podría deberse a que realizan mayor inversión por acto sexual (pueden quedarse embarazadas y tendrían que cuidar al hijo durante un largo periodo) lo que las llevaría a intentar elegir parejas que les aportaran recursos a largo plazo para una mejor situación de crianza, algo determinante a lo largo de miles de años. Por el contrario los varones realizan una mínima inversión por acto sexual y prefieren la variación sexual para trasmitir sus genes con mayor eficacia, por eso buscarían sobre todo mujeres con belleza, con signos de salud y fertilidad. Desde esta perspectiva los celos serían una estrategia exitosa para conservar una pareja, en determinados contextos culturales, ya que la infidelidad comprometería los recursos para las mujeres y la paternidad para los varones que tendrían que dedicar tiempo, energía y esfuerzo para criar hijos que podrían no ser suyos. [v] Sin embargo otras estrategias están abiertas en el ser humano y dependen fundamentalmente de los contextos sociales. Por ejemplo las mujeres pueden buscar a veces el sexo ocasional y también les afecta el aumento del deseo sexual con la variación. En estos casos también parecen ser importantes los recursos de la pareja y cobra mayor importancia el aspecto físico del varón.


[i] Platón. El banquete. Traducción de Luis Gil. Ediciones Orbis S.A. 1983

[ii] Cela, Camilo José. Enciclopedia del erotismo. Grupo libro 88. 1994

[iii] Alberoni, Francesco. El erotismo. Gedisa, 2006

[iv] Buss, David M.La evolución del deseo. Alianza editorial, 1996

[v] En http://homepage.psy.utexas.edu/Homepage/Group/BussLAB/publications.htm pueden encontrarse estudios originales sobre este tema.

lunes, 15 de febrero de 2010

Rasputín

Rasputín era sin duda un personaje atrabiliario pero no por ello deja de ser sumamente interesante. Hay que imaginarse la corte de los zares, el rígido protocolo que regulaba las relaciones de gente con todo tipo de títulos nobiliarios, la magnitud de un ejército con oficiales de uniformes rutilantes pero con los pies de barro porque no habían sabido integrar ningún tipo de meritocracia, el poder omnímodo de una aristocracia que era dueña de la tierra y de sus campesinos, para valorar su gesta.

Ascendió de la pobreza al control casi total del poder solo con el uso de ciertas características personales. Se creía un elegido de dios para devolver a Rusia la pureza del pueblo y quizá eso incendiaba su mirada que resultaba hipnótica y sugestiva para mucha gente entre los que se contaban los zares que, tras su apariencia imponente, estaban sumidos en la superstición y el miedo. La zarina en especial tenía tendencia al misticismo y se rodeaba de videntes y curanderos a cual más estrafalario, lo que no la impedía rezar con fervor a la manera tradicional en su capilla repleta de iconos. Un Rasputín que ya se había hecho famoso por su poderes como sanador y que percibió en seguida su caracter inestable, su propensión a buscar respuestas en el más allá, su tendencia a sentirse culpable de haber dado a Rusia un heredero con una salud frágil (padecía hemofilia): era exactamente el tipo de mujer que aceptaría su consejo.

Rasputín ha pasado a la historia como un loco. Pero como un loco que en un momento determinado supo controlar el poder de Rusia. También como un libertino, como un personaje con un deseo sexual muy intenso que no se preocupó demasiado en disimular y que implicó a mujeres de muy distintos estamentos sociales que en muchos casos le percibían como sumamente atractivo.

Un congreso que iba sobre el tema (psiquiatría, biografía, sexualidad) y el azar de encontrarnos con el personaje nos llevó a investigar un poco sobre él. A tratar de descifrar hasta cierto punto su perfil psiquiátrico y también a intentar un análisis del deseo sexual desde distintas perspectivas históricas y conceptuales. ¿Que era Rasputín? ¿estaba loco?, ¿era un pecador, un perverso, una víctima de una sociedad represiva, un adicto al sexo?. Qué pensaría de él Krafft Ebing, Freud, Wilhein Reich, Havellock Ellis, Kinsey, Masters y Jhonson.
En http://www.drugfarma.com/spa/sexologia/02numerosanteriores/numero4_2007/07reflexiones_sexologia/01.asp
tenéis el resultado en un artículo entretenido que trata de analizar todo esto desde una pequeña introducción biográfica. Espero que os interese.

lunes, 24 de agosto de 2009

Cuestión de sexos

La historia comenzó en 1965. Dos gemelos XY fueron sometidos a una circuncisión por motivos que no he conseguido aclarar. En algún sitio he leído que era una operación entonces recomendada por los médicos. En otros que la causa fue su religión judía. Esta intervención no indicada fue el comienzo de todo, no conviene olvidarlo. Porque eso desencadenó la tragedia. Uno de los niños perdió su pene como resultado de la operación, al parecer a causa de una quemadura con el bisturí eléctrico. Los padres quedaron desolados y un día viendo la televisión creyeron vislumbrar un rayo de luz. El Dr. John Money http://en.wikipedia.org/wiki/John_Money exponía sus nuevas teorías sobre el sexo y el género por televisión. Para él la crianza podía tener más peso que la biología en el desarrollo de la identidad y el rol de género, lo que era muy aplaudido por los grupos que cuestionaban el estado social de los roles de género que entonces se sustentaban en una legitimación "natural" . Eran tiempos de cambio y se buscaban nuevas legitimaciones para las conductas sociales.

Los padres se pusieron en contacto con Money y siguieron su consejo de reatribuir el sexo del niño (así se llamaba el niño). El caso era perfecto porque además había otro gemelo de control. El 3 de Julio de 1967 fue operado en Johns Hopkins donde le realizaron una orquiectomía y un orificio vaginal cosmético. Se recomendó a los padres que desde ese momento lo trataran como una niña y no le dijeran nada de lo que había ocurrido. El gemelo fue seguido por Money durante algunos años y en 1975 elaboró un informe según el cual la reasignación había sido un éxito. En la revista Time de 8 de Enero de 1973 declaró que "este caso dramático…proporciona un fuerte apoyo…de que las pautas convencionales de desarrollo masculino y femenino pueden alterarse. También pone en duda la teoría de que las diferencias anatómicas y fisiológicas entre los sexos están establecidas inmutablemente por los genes desde la concepción". La comunidad científica acepto dos premisas: que las personas son psicosexualmente neutras al nacer y que el desarrollo psicosexual saludable está relacionado con la apariencia de los genitales externos.

Sin embargo en 1997 Milton Diamond y sus colaboradores http://www.hawaii.edu/PCSS/online_artcls/intersex/mdfnl.html investigaron de forma independiente a los gemelos y descubrieron que la realidad no coincidía en absoluto con lo que había publicado Money. Según contaron los padres, desde el principio hubo problemas. El gemelo reasignado se negaba a vestirse de niña y desde el comienzo tuvo tendencia a los juegos y a las conductas masculinas. Aunque a los 12 años comenzó a tratarse con estrógenos y se feminizó, no se sentía una niña y, ante los problemas con sus compañeros y su resistencia al tratamiento, su padre decidió contarle la verdad a los 14 años. El chico decidió volver a cambiarse al que sentía como su verdadero sexo. Se hizo una mastectomía y una faloplastia y fue tratado con testosterona. A los 16 años se convirtió en un muchacho aceptado en su círculo social y a los 25 se casó. Pero la historia terminó mal. Tras un divorcio y el suicidio de su hermano gemelo que sufría esquizofrenia también él se suicidó a los 38 años. El artículo de Diamon desencadenó una polémica sumamente interesante y llena de descalificaciones. En http://www.hawaii.edu/PCSS/online_artcls/intersex/heidenry.html se defiende con argumentaciones bastante convincentes y demostrativas de algunos perfiles del debate.

Me vino a la cabeza este caso al observar la disputa que se ha montado en los últimos mundiales de atletismo con la atleta Caster Semenya, una chica de aspecto muy masculinizado que ha ganado la final de 800 metros. Al parecer el año 2000 grupos feministas consiguieron que el COI y la Federación de Atletismo no pudieran hacer pruebas para confirmar el sexo biológico. Se adujo que el género era algo complejo y no exclusivamente biológico y que querer objetivarlo atentaba contra la intimidad de las personas. De tal forma que en la práctica no podría descubrirse a un varón biológico que se presentara en una prueba femenina como una mujer, cosa que por cierto ocurrió en 1938 con el caso Dora Ratien, que era en realidad un varón (Hermann), al que el régimen nazi hizo participar como una mujer en las competiciones de salto donde llegó a batir el record mundial http://www.elpais.com/articulo/deportes/cuestion/sexo/elpepidep/20090820elpepidep_8/Tes/.

Pero el aspecto de Caster es muy masculino y la federación de atletismo ha decidido nombrar una comisión técnica para estudiar su sexo lo que ha levantado multitud de encendidas protestas, incluida la del Parlamento de Suráfrica que ha amenazado con presentar una queja al Comisionado de Derechos Humanos de la ONU alegando que hacerle pruebas para confirmar su sexo supondría "un atentado grave a los derechos humanos y la privacidad.". Hoy mismo un periódico inglés informa de que en unos análisis de antes de los campeonatos en Sudáfrica había dado niveles tres veces más altos de testosterona que lo esperable en una mujer http://www.telegraph.co.uk/sport/othersports/athletics/6078171/World-Athletics-Caster-Semenya-tests-show-high-testosterone-levels.html lo que seguramente seguirá alimentando la polémica, sobre todo si el director técnico del equipo de Sudafrica es el Dr. Ekkart Arbeit el ex-entrenador del equipo de Alemania Oriental que estuvo involucrado acusaciones de dopaje por anabolizantes.

Es curioso cómo se instrumentalizan cuestiones científicas para hacer política de grupos y para defender todo tipo de intereses. Nadie duda que la construcción de la masculinidad y la feminidad es una cuestión compleja en la que intervienen múltiples factores que interactúan de una forma no conocida del todo y que merece ser investigada con independencia y objetividad. Parece estar claro que doctrinas pseudocientíficas como el dimorfismo radical (Jacques Louis Moreau 1803) que afirmaba que los sexos eran distintos biológica y moralmente siendo la naturaleza masculina superior a la femenina lo que obligaba a destinos y derechos distintos y también a una división del trabajo diferente, están desacreditadas socialmente y carecen de apoyo científico. En occidente, aunque aún queda mucho por mejorar, la igualdad de sexos ha avanzado mucho en las últimas décadas y es mayoritariamente admitida. Pero incluso una buena causa no debe ser defendida con presiones irracionales cuando es cuestionada porque corre el riesgo de perder su legitimidad racional.

Es sabido que la capacidad muscular de los varones es mayor que la de las mujeres, lo que les da una ventaja evidente en una carrera atlética. Es justo que si se persigue el dopping también se controle que varones o mujeres excesivamente masculinizadas, por cualquier causa, no corran en carreras femeninas. Es absurdo, y la propia atleta debería ser la primera interesada en demostrar que juega limpio. No creo que eso constituya un ataque a la intimidad o a los derechos humanos. Ampararse en el discurso del género y en el constructivismo social para defender un título atlético o una causa nacionalista a toda costa es algo que desprestigia la larga y difícil lucha por la igualdad de sexos. Solo una visión científica independiente y lo más objetiva posible de estas cuestiones puede permitir esclarecer cuestiones esenciales para conocernos a nosotros mismos. Está claro que en la ciencia también hay subjetividades e intereses. Pero cualquier experimento puede ser falsable y cuestionado por otros que deben sentirse libres de poder hacerlo. El que nada sea totalmente objetivo no puede suponer que se pueda ser todo lo subjetivo e interesado que convenga.

domingo, 21 de junio de 2009

La evolución del deseo

El deseo sexual es un instinto básico y poderoso relacionado con una cuestión crucial para los organismos vivos: la reproducción. Muchos mamíferos lo circunscriben a un periodo (el celo) donde desarrollan todo tipo de estrategias para atraer una pareja con la que procrear. Algunas especies optan por la competición: los ciervos o los leones marinos machos luchan entre sí para tener acceso a las hembras. Los que tengan mayor fuerza o inteligencia o capacidad para ganar aliados seran los que prevalezcan y los que trasmitan más genes. Otras especies eligen pareja basándose en en su preferencias por determinadas carácterísticas que evolucionan en el sexo opuesto, porque los animales que las poseen son elegidos con mayor frecuencia como parejas y sus genes prosperan. Así la pava real prefiere pavos macho con plumas centelleantes lo que supone que los machos con plumaje apagado se van extinguiendo. Este instinto probablemente reside en el cerebro límbico el más antiguo en los mamíferos.

En la especie humana no existe celo, no hay señales de cuando es más fácil que se produzca un embarazo y por tanto su deseo es contínuo, lo que hace más compleja la conducta de emparejamento. Desde este instinto reproductivo el ser humano ha constituido, aderezandolo con todo tipo de simbolizaciones, provenientes del desarrollo de su corteza cerebral, multitud de tipos de conductas eróticas y amorosas. La cultura ha trasmutado el instinto sexual en sexualidad.“Llamo sexualidad al universo simbólico construido sobre una realidad: el sexo. Se trata de una complicada mezcla de estructuras fisiológicas, conductas, experiencias, sentimentalizaciones, interpretaciones, formas sociales, juegos de poder... El sexo es el significante y la sexualidad el conjunto de significados -afectivos, prácticos, ideológicos- que le atribuimos” dice Jose Antonio Marina que estuvo el fin de semana pasado en el I Foro de sexología Integral en Valencia http://www.drugfarma.com/spa/sexologia/.


Hombres y mujeres desarrollan distintas estrategias para elegir pareja que probablemente no responden al azar sino que tratan de resolver problemas concretos que les permitan conseguir ese objetivo. La hipótesis de David M. Buss y otros psicologos evolutivos, es que esas estrategias son soluciones adaptativas a los problemas de emparejamiento y que algunas son más frecuentes porque han supuesto soluciones exitosas a lo largo de la evolución humana. Provenimos de los humanos que tuvieron éxito en sus estrategias y lograron reproducirse. Aunque en toda estrategia sexual hay mecanismos psicológicos implicados, no requieren una planificación consciente y habría un tropismo evolutivo hacia algunas de ellas.


Esta hipótesis puede arrojar luz sobre las diferencias en el deseo sexual entre hombres y mujeres, en sus preferencias para elegir un compañero y su potencial conflictividad. Así en la mayoría de las sociedades las mujeres suelen ser más selectivas sexualmente y generalmente rechazan encuentros anónimos y prefieren cierto grado de compromiso. Esto podría deberse a que realizan mayor inversión por acto sexual (pueden quedarse embarazadas y tendrían que cuidar al hijo durante un largo periodo) lo que las llevaría a intentar elegir parejas que les aportaran recursos a largo plazo para una mejor situación de crianza, algo determinante a lo largo de miles de años. Por el contrario los varones realizan una mínima inversión por acto sexual y prefieren la variación sexual para trasmitir sus genes con mayor eficacia, por eso buscarían sobre todo mujeres con belleza, con signos de salud y fertilidad. Desde esta perspectiva los celos serían una estrategia exitosa para conservar una pareja, en determinados contextos culturales, ya que la infidelidad comprometería los recursos para las mujeres y la paternidad para los varones que tendrían que dedicar tiempo, energía y esfuerzo para criar hijos que no eran suyos. Una estrategia con muchos riesgos.

En "La evolución del deseo" (Alianza editorial,1994, libro de bolsillo nº 1821) Buss desarrolla estos conceptos y muchos otros advirtiendo de la importancia de no caer tanto en la falacia naturalista ("todo lo que existe debe existir": confunde la descripción científica de la conducta humana con la prescripción moral de dicha conducta) como de la antinaturalista (visión utópica del ser humano natural siempre amenazada por la cultura). Se trataría de comprender nuestros impulsos para luego decidir qué hacer con algunos de ellos o intentar aprender a vivirlos de una manera menos conflictiva. En cualquier caso leer el libro es un viaje fascinante para el verano.

En http://homepage.psy.utexas.edu/Homepage/Group/BussLAB/publications.htm podeis tener acceso en versión completa a las últimas investigaciones de David M. Buss y su grupo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Deprisa, deprisa


Referirse a la eyaculación precoz parece implicar hacerlo de forma ineludible al factor tiempo. Aunque a poco que se piense éste termina siendo un criterio insuficiente y ambiguo. Porque ¿de cuanto tiempo estamos hablando?. ¿De treinta segundos, de un minuto, de dos minutos?. Además ¿desde qué punto de la relación sexual lo medimos? Y ¿cómo superamos la dificultad de hacer esta medición sin interferir la relación sexual?. El tiempo de latencia eyaculatoria intravaginal (IELT) es el gold standard que están utilizando actualmente los andrólogos para definir el problema (2 minutos) y para evaluar los fármacos que se están utilizando. Junto con la sensación de control eyaculatorio y la ansiedad asociada.

Sin embargo la eyaculación precoz, que parece un problema sexual banal y casi cómico, es más compleja de lo que parece. Tanto que no es fácil de definir. Se utilizó y se utiliza el tiempo. También los movimientos coitales (¿3,5,8,15…?). Masters y Jhonson ( Incompatibilidad sexual humana, Interamericana 1981) coherentemente con los vientos de reivindicación de la sexualidad femenina que corrían en los años 60 del siglo pasado, lo refirieron a la satisfacción orgásmica de la pareja. Consideraban que un hombre es eyaculador precoz "cuando durante la introducción intravaginal, no puede controlar la eyaculación por un período suficiente para satisfacer a su cónyuge, aunque sea en el 50% de sus contactos sexuales. Si ella es totalmente anorgásmica por razones ajenas a la rapidez eyaculatoria esta definición carece de validez". No debieron quedar, sin embargo, muy satisfechos porque pusieron la siguiente apostilla: "al menos, se aleja el concepto de tiempo".

El DSM-IV considera que un individuo tiene eyaculación precoz cuando tiene una eyaculación persistente o recurrente en respuesta a una estimulación sexual mínima o antes, durante o poco tiempo después de la penetración y antes de que la persona lo desee. El clínico debe tener en cuenta factores que influyen en la duración de la fase de excitación, como la edad, la novedad de la pareja o la situación y la frecuencia de la actividad sexual. La alteración tiene que provocar un malestar acusado o dificultad en las relaciones interpersonales. Puede ser primaria o secundaria, o general o situacional.

Muchas veces no es fácil hacer operativa un definición como ésta. Aunque en la consulta se presentan tres grandes grupos de eyaculadores precoces:


1.: Varones que desde que iniciaron sus relaciones sexuales eyacularon con estímulos mínimos - muchas veces con la ropa puesta - y que lo viven desde el principio con gran angustia o al menos les causa serios problemas de relación con sus parejas.

2.: Varones que desde que iniciaron sus relaciones sexuales eyaculan antes, durante o inmediatamente después de la penetración y eso lo viven de manera problemática o angustiosa, interfiriendo seriamente en su sensación subjetiva de satisfacción sexual o en la de su pareja. Sin embargo, siempre que no se produzca la penetración, admiten una estimulación sexual de diverso grado sin eyacular.

3.: Varones que habiendo tenido relaciones sexuales satisfactorias anteriormente, comienzan a hacer un patrón de respuesta asimilable a lo antes expuesto. O bien, si antes eyaculaban relativamente pronto tras la penetración, esto no era vivido como problemático por ellos o sus parejas y a partir de un determinado momento sí lo es. O bien, pasan directamente de poder tener coitos de duración variable a eyacular sistemáticamente antes de la penetración y a caer en la pauta de autoobservación y ansiedad característicos de este problema.

En la eyaculación precoz no suelen estar implicados factores orgánicos. A veces aparece en varones que han dejado de tomar alcohol de manera regular o en deprivación de opiáceos o en periodos de estrés. Masters y Jhonson la relacionaron con un condicionamiento de eyaculaciones rápidas mediado por las primeras experiencias sexuales y con el papel de la ansiedad, sobre todo de actuación, lo que llevaría al establecimiento de un círculo vicioso. Sobre los mecanismos fisiológicos por los que esta disfunción se produce postulan que el eyaculador precoz es incapaz de percibir las pistas internas de la inevitabilidad eyaculatoria y por tanto no desarrolla habilidades para "retroceder" y no eyacular manteniendo la excitación. Los hombres con buen control eyaculatorio intuirían instintivamente como hacerlo, simplemente cambiando el ritmo o haciendo un cambio de la atención cognitiva o del contexto de la fantasía. Hay quien ha especulado que la eyaculación rápida fue seleccionada evolutivamente para evitar depredadores al igual que en otras especies de mamíferos.


En la eyaculación precoz es muy importante la dinámica expectativa - frustración y ahí entran muy de lleno los factores culturales. Desde los años sesenta hay una reivindicación del placer sexual en la mujer y muchas veces esto se liga socialmente a una duración larga de la excitación antes de la eyaculación. Además casi siempre el eyaculador precoz suele perder la erección de forma rápida y tiene un orgasmo anestesiado, poco placentero. Todo esto en medio de una gran ansiedad de desempeño y también anticipatoria lo que puede llevarle a evitar la relación sexual por miedo a fracasar o incluso a asociar otras disfunciones sexuales como la disfunción eréctil. El resultado siempre es que la relación sexual se vuelve problemática casi aversiva para los que participan en ella. Su autoestima disminuye y también se disparan los conflictos de pareja en muchos casos por malentendidos.

Esta complejidad debería tenerse en cuenta en el tratamiento El objetivo no debería ser simplemente aumentar el IELT, sino conseguir una relación sexual gratificante . Diseñar no solo una estrategia para "que tarde más" sino para que "sienta más". La terapia sexual tiene bastante éxito en esta disfunción. Master y Jhonson en una serie de 186 pacientes consiguieron un 97,8% de éxito en el tratamiento en función de la definición anteriormente citada. En general se aceptan eficacias de en torno a un 70%. Hacían siempre terapia en pareja en un contexto educativo para ayudarles a superar falsos mitos, tratando de que mejoraran su comunicación con técnicas congitivo-conductuales su perturbación emocional y su comunicación. Como forma de eliminar la angustia prohibían al principio el coito y prescribían ejercicios de focalización sensorial donde se recomendaba que, al principio por turnos, se tocaran sin ideas preconcebidas, abandonando cualquier actitud evaluadora o crítica. Se les aconsejaba estar relajados y concentrarse en sus sensaciones, en el aquí y el ahora, tanto el que acaricia como el que es acariciado. El propósito no es excitar al otro, ni darle un masaje, “ni llegar a ningún lado”. Solo tienen que sentir, sin preocuparse de responder (solo comunicar lo que pueda molestar). Esta sigue siendo la base de la terapia sexual actualmente.


Para la eyaculación precoz se utiliza de forma específica la "técnica del apretón" que realiza la mujer (en un contexto de focalización sensorial) apoyando la yema del dedo pulgar sobre el frenillo del pene mientras coloca los dedos índice y corazón de la misma mano sobre el lado opuesto, con el índice emplazado bajo el glande , justo por debajo del surco balano prepucial. La presión debe realizarla proporcionalmente al grado de erección, de delante a atrás y durante unos cuatro segundos, soltando luego de golpe. Esto se repite varias veces en cada sesión y a medida que el varón mejora se va generalizando hasta llegar al coito al coito primero con mujer arriba.

También se ha utilizado con éxito la técnica del stop-star de James Semans que consiste en parar cuando se acerca la inminencia eyaculatoria en vez de en aplicar un apretón. Ambas técnicas se realizan en un contexto de concentración sensorial donde el paciente tiene que concentrarse en sus sensaciones sin obligación de rendimiento justo lo contrario que lo que hace habitualmente como mecanismo de defensa.

Éstas técnicas se han adaptado para el tratamientos de varones sin pareja.

Actualmente se están utilizando ISRS para aumentar el IELT (http://www.murciasalud.es/preevid.php?opc=banco&idpre=603&idsec=453) aunque no es una indicación que se especifique en la ficha técnica de estos fármacos. Pueden ser una opción en determinadas ocasiones, por ejemplo en un paciente del primer tipo que hemos comentado anteriormente que tenga mucha ansiedad o cuando no da resultado la terapia sexual pero desde mi punto de vista es dudoso que sean un tratamiento de primera línea desde la primera consulta para todo tipo de eyaculador precoz como se propone en algunos protocolos en campo de la andrología (Fundación Puigberg). La dapoxetina (http://209.85.229.132/search?q=cache:NsYHXkyKuFQJ:www.apaldia.com/resumenes/ppt/00336.pps+dapoxetina&hl=es&ct=clnk&cd=6&gl=es ),un nuevo ISRS de vida corta, va a salir al mercado como tratamiento específico. Estos fármacos mejoran algo el IELT pero no claramente la satisfacción sexual y presentan frecuentes efectos secundarios.

En mi opinión la eyaculación precoz es una disfunción sexual potencialmente tratable por el médico de familia si tiene una formación mínima (fácil de adquirir) que tenga en cuenta la complejidad del problema y que posibilite aplicar un tratamiento integral que muy a menudo es eficaz. Eso debería ser así para cualquier médico que la trate y creo que podría ser peligroso simplificar las cosas hasta reducirlas a aplicar de forma sistemática un fármaco que la mayoría de las veces no resuelve el problema, es decir no mejora la satisfacción sexual sino solo en algún caso el IELT y no de forma muy significativa. En esta disfunción no todo es cuestión del tiempo ni hay que ir necesariamente demasiado deprisa.


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Feminismos


En una entrada anterior de este blog se ha opinado sobre la "politica de cuotas" que cada vez se plantea más en múltiples ámbitos de nuestra sociedad y que a menudo causa posicionamientos muy viscerales. Quizá por eso es importante aportar al debate matices que impidan el tremendismo y nos acerquen a lo que creo que queremos una gran mayoría de mujeres y de varones: que nuestras diferencias de sexo no impliquen ningún tipo de desventaja social como históricamente ha sucedido.

Una perspectiva historica de la lucha de las mujeres por su igualdad social quizá aporta datos fundamentales que explican algunos aspectos del debate y quizá también algunos excesos, que no por eso hay que compartir necesariamente, pero sí entender para argumentar de una forma razonable. Este pais, además, tiene una historia reciente especialmente significativa respecto a la desigualdad de sexos que curiosamente parece olvidada pero que late constantemente en la sociedad como actitudes que emergen en todos nosotros de forma bastante automática, como si lo viejo no hubiera desaparecido todavía y lo nuevo no terminara de nacer del todo.



Un breve recorrido por el “feminismo”

Primera ola: el feminismo ilustrado

Al feminismo se le considera un hijo no querido de la Ilustración. Aunque los principales pensadores de ese tiempo reivindicaron la libertad y la igualdad sobre todo lo hicieron pensando en los varones. Por ejemplo, el reputado Rousseau consideraba que las mujeres eran un “segundo sexo” y por tanto su educación debía garantizar que cumplieran su cometido: agradar, ayudar, criar hijos. Para ellas no estaban hechos ni los libros, ni las tribunas. Su libertad la consideraba odiosa y que rebajaba la calidad moral del conjunto social. “… El uno (varón) debe ser activo y fuerte, el otro (mujer) pasivo y débil. Es indispensable que el uno quiera y pueda y es suficiente con que el otro oponga poca resistencia. Establecido este principio, se deduce que el destino especial de la mujer consiste en agradar al hombre.. el mérito del varón consiste en su poder, y sólo por ser fuerte agrada".

El feminismo nace de la constatación que hacen algunas mujeres de la situación de privación de bienes y derechos que tienen, en relación con las propias declaraciones universales de derechos humanos que surgen es esos tiempos. Declaraciones que se hacen siguiendo las ideas roussonianas y que algunas mujeres asumen como propias, por eso se permiten argumentar contra sus insuficiencias. Sólo a partir de la asunción completa del nuevo paradigma sociopolítico cabe argumentar contra sus deficits y reclamar su aplicación para todos. Es de este espíritu del que nace Vindicación de los derechos de las mujeres de Mary Wollstonecraft, el primer libro explícitamente feminista. En él se cuestionan las diferencias de derechos y también los papeles sociales atribuidos a cada género que trataban de argumentarse en la moral vigente respecto al orden natural.

Hegel escribiría en su Filosofía del Derecho, que cada género tiene marcado un destino por nacimiento lo que suponía que “Ellas se mantienen y han de ser mantenidas en su propio orden, el seno indiferenciado de la naturaleza con independencia de las capacidades y dotes particulares“. En el código napoleónico la minoría de edad perpetua para las mujeres quedaba consagrada: las excluía del control sobre sus cuerpos; quedaron excluidas formalmente de los tramos educativos medios y superiores y su enseñanza primaria se declaró graciable; no tenían derecho al voto.



Frente a esto Mary Wollstonecraft supone que bastantes de los rasgos de temperamento y conducta que son considerados propios de las mujeres son en realidad producto de su situación de falta de recursos y libertad. El feminismo planteaba que la dominación masculina no era una situación que viniera determinada por la naturaleza: era una cuestión política. Y tenían que luchar por dos objetivos que sobre todo reivindicarían las feministas de la segunda ola: el derecho al voto y a la educación superior.

Segunda ola: el feminismo liberal sufraguista

En el siglo XIX se fueron consolidando los estados liberales que posibilitaban más derechos pero aparecieron nuevos argumentos para legitimar el orden social en cuanto a división de sexos. Hegel, Schopenhauer, Kierkegaard o Nietzsche, argumentaron discursos filosóficos para mantener el la misma situación: el sexo es un destino público para los varones, privado para las mujeres y los intentos de éstas de subvertir tal orden son la ruina de las comunidades.

En 1848 se produce la “Declaración de sentimientos de Seneca Falls” que fundándose en la declaración de principios de la constitución americana e invocando los derechos de igualdad, libertad y persecución de la propia felicidad declaran: "decidimos que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del varón, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen fuerza y autoridad“. Así con una estrategia política no violenta las llamadas sufragistas comienzan a reivindicar el derecho al voto y a la educación superior. Tardaron unos ochenta años en conseguirlo.

En el siglo XX hubo dos guerras mundiales. Cuando los hombres fueron a la guerra sus puestos de trabajo fueron ocupados por mujeres. Después de la 2º guerra mundial, donde las mujeres mantuvieron la economía americana en trabajos que teóricamente no estaban hechos para ellas, se creo una estrategia política y cultural para que esas mujeres, ya educadas, volvieran a sus casas. Se pretendía que regresaran al espacio privado -aunque argumentando que con mayor capacidad y formación que antes- para ser buenas madres, esposas y gerentes del hogar. Se suponía que el objetivo de la mujer no era conseguir metas profesionales sino estar al servicio de la familia. Las revistas femeninas se volcaron en modular las conductas y emociones de ese tipo de mujer que tan bien se ve reflejado en las películas de Doris Day. Pero unos límites tan restringidos para mujeres, en muchos casos inteligentes y bien formadas, solo podía llevar a la frustración. Eso es lo que analizó Betty Friedan en “La mística de la femineidad”.

En 1949 se publica un libro singular de una mujer que se benefició de la excepcionalidad que permitió a algunas mujeres como ella formarse hasta muy alto nivel. En ese libro muy influyente Simone de Beauvoir cuestiona desde el principio la idea de naturaleza para legitimar la situación de la mujer: “una no nace mujer se hace mujer” (El segundo sexo 1949).

Tercera ola: el feminismo del 68

El “malestar que no tenía nombre” del que hablaba Betti Friedan encontró un responsable en los años 70: el patriarcado, el orden sociomoral y político que mantenía y perpetuaba la jerarquía masculina y que a juicio de muchas mujeres se mantenía incólume. La revuelta del 68 supuso un cambio cultural importante en los países occidentales. Se cuestionó todo un orden social y se reivindicaron nuevas libertades individuales. Las mujeres constataron que a pesar del derecho al voto, a la educación y al ejercicio profesional todavía no habían conseguido una posición paritaria respecto a los varones. Así se plantean una revisión legislativa para volverla más igualitaria y equitativa. También hay una reivindicación de libertad sexual que se concreta en nuevas formas de pareja y reivindicación de métodos anticonceptivos. El cambio en los mores se iba produciendo en parte por difusividad y en parte con independencia del núcleo militante. Para éste, “la abolición del patriarcado" y "lo personal es político“ (llevar la reivindicación a las relaciones personales concretas) fueron los dos grandes lemas. La Política Sexual de Kate Millet y la Dialéctica del Sexo de Sulamith Firestone son autoras importantes de este periodo.

Movimientos actuales

En los años ochenta el feminismo, aunque fuera de forma muy tímida, comenzó a capilarizar la política formal. En todos los países occidentales fueron creados organismos específicos para la condición femenina. Para muchas mujeres fue quedando patente que la imagen social global seguía connotando poder, autoridad y prestigio del lado varonil, sin que las reformas ya obtenidas estuvieran variando esa inercia de modo sensible. Así que la visibilidad pública, la tomas de posiciones de poder políticas se convirtió en un objetivo importante que también tensionó el movimiento feminista.

También en los años 80 hubo una reacción conservadora sobre todo en USA y desde ella se cuestionaron los logros feministas en un intento de volver a los antiguos esquemas. Susan Faludi en “Reacción” argumentó contra esos planteamientos.

En los años 90 la política de cuotas, para conseguir una discriminación positiva, ha sido otro de los objetivos políticos para tratar de romper el techo de cristal que parecen seguir teniendo las mujeres en la vida pública y que hace que su número en la política o en altos puestos directivos sea mucho menor que la de los varones. Constituye una estrategia política, se supone que coyuntural, para conseguir un mayor igualdad social y que en muchas ocasiones crea conflicto social, ya que puede reivindicarse (y de hecho se hace) en los ámbitos más diversos. Probablemente sea más fácil de plantear en cargos electos (políticos o empresariales, donde se ventilan intereses y es importante la representación de esos intereses) que en otros ámbitos donde lo definitivo debería ser el conocimiento y no el género. El problema es que, en muchas ocasiones, este debate se produce desde posiciones muy maximalistas que ademas nos llegan simplificadas (¿y sesgadas?) por los medios de comunicación, lo que lleva a posicionamientos muy emocionales. Por otro lado la realidad es que el salto en formación y conocimiento de las mujeres ha sido tan importante en las últimas décadas que no necesita el argumento de la cuota para legitimar una posición relevancia social o intelectual.

Actualmente dentro del movimiento feminista coexisten muchas corrientes a veces contrapuestas. La confrontación entre un feminismo de la igualdad que busca una paridad con el varón y un feminismo de la diferencia que asume desde el principio una diferencia inabordable y por tanto busca una supremacía, es muy bien analizado por Elisabeth Badinter en “Por mal camino” Alianza Editorial 2003.

En el artículo La memoria colectiva y los restos del feminismo de Amelia Valcárcel (http://usuarios.lycos/politicasnet/articulos/memfem.htm) están más desarrollados algunos de los conceptos referidos en estas notas.


Publicado por RGC en 1 de diciembre del 2008

Genero


Hoy día se habla mucho del género pero conviene saber con claridad lo que define ese concepto y como se utiliza en diferentes ámbitos sociales.


John Money en los años 50 del siglo pasado mientras investigaba con hermafroditas (que hipotéticamente no eran ni varones ni mujeres) precisó un término para referirse a los roles sociales relacionados con el sexo que tenían estos individuos y que muchas veces no concordaban con el sexo cromosómico o de las gónadas, el sexo hormonal puberal y fetal o la morfología postpuberal. No obstante en la sociedad esos individuos no tenían un rol neutro sino masculino o femenino.


Para clarificarlo rescató de la gramática el concepto género y definió el rol de género para referirse a aquellas cosas que una persona hace o dice para mostrarse a sí misma y a otros que es varón o mujer (lo que incluye las conductas eróticas pero no se restringe a ellas), y la identidad de genero como la experiencia privada de esas conductas, lo que una persona siente íntimamente que es.

En el mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales, el término hizo fortuna y la dualidad sexo-género se asimiló a la de biología-crianza o naturaleza-cultura, de tal forma que se dejó el concepto sexo para los aspectos biológicos que se supusieron independientes del género que serían los aspectos culturales del sexo. Es decir el género comenzó a tratarse como si fuera algo neutro, desvinculado al menos potencialmente de cualquier determinismo biológico. Esto estaba en contra de lo que pensaba el propio Money que estaba convencido que lo que llamaba roles e identidad de genero eran producto de una interacción de variables biológicas y culturales, a la vez que de acontecimientos sucedidos en ciertos periodos críticos del desarrollo.

En esta misma línea, pero apoyándose en las ideas de Michael Foucault y Jacques Derrida, muchos de los discursos feministas (Betty Friedan fundó en 1966 la Nacional Organisation of Women la primera organización feminista) se apoyan en la idea de que lo masculino y lo femenino son una construcción cultural, discursos simbólicos muy basados en el lenguaje que son los instrumentos invisibles de la opresión (en este caso de las mujeres) y que por tanto pueden deconstruirse y sustituirse por otros. Esto está en la base de lo que se ha dado en llamar la lucha por lo políticamente correcto.

Para ampliar estas ideas puede consultarse:

Historia de la Terminología del Género. Ponencia de Jhon Money en el VII Congreso Nacional de Sexología, Colombia 1996. Traducción: Luis Eudardo y Nora I Yepes en http://www.kinsey.com.ar/noticia.php?id=344.
Schwanitz, Dietrich. VI. Historia del debate entre los géneros. En La cultura. Todo lo que hay que saber. Madrid. Taurus 2002. En este capítulo puede hallarse una magnífica introducción sobre el debate del género.


Publicado por RGC en

Amor pasión


Ya sabemos que los médicos hemos de entender de muchas cosas. Letamendi, el gran médico y humanista del XIX español, decía "El médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe". De una de esas cosas que conviene entender es de amores. Hay muchas teorías y estudios sobre el amor, algunas de las cuales no vendría mal conocer, siquiera superficialmente. Es recomendable leer a Helen Fisher ("El cerebro enamorado" , ¿Porqué amamos?, taurus 2005) o a Eduardo Punset (El viaje al amor. Destino 2007).

El aprendizaje del amor es uno de los retos más importantes de la vida y a menudo no es fácil. Para cada uno de nosotros el amor puede significar cosas diferentes. Probablemente el sentimiento amoroso ha existido siempre en todas los tiempos. Pero también estamos inmersos en una cultura que nos influye intensamente y determina nuestra manera de relacionarnos, las historias que nos creamos en nosotros mismos.

El amor pasión es una creación cultural muy significativa de occidente. Un libro clásico que analiza el tema (El amor y occidente de Denis de Rougemont. Kairós) plantea que nació en la élite social de la sociedad cortesana y caballeresca del siglo XII y XIII en el sur de Francia. Estaba marcado por la trasgresión y la radicalidad, por la idea de la involuntariedad (el filtro amoroso), por el obstáculo que alimentaba el amor y, a menudo, por la tragedia de la muerte, el obstáculo máximo. Las reglas de "estos cuentos de amor y muerte" eran trasmitidas por los trovadores y generalmente el amor era desdichado, pero era esa sensación de "dulce tormento" lo que parecían perseguir los amantes. En obras como "Tristán e Isolda" pueden descubrirse las características de esta forma de vivir el amor que, a partir de ese momento, influyó en todas las creaciones literarias que a su vez sirvieron para propagarlo. Por ejemplo Romeo y Julieta es una historia de amor pasión, pero también podemos encontrar el esquema en el cine (Titanic, Casablanca, Memorias de África, Los puentes de Madison…) y en muchas telenovelas que configuran y modelan la educación sentimental de nuestra época.

El problema del amor pasión es que es difícil que permanezca en el tiempo. Casi por definición cuando los amantes se van a vivir juntos desaparece como tal. El amor (pasión) feliz no tiene historia, decía Denis de Rougemont que consideraba que la pasión era un mito que provenía del dualismo de los cátaros y que era en sí mismo contradictoria con el matrimonio cristiano: "Necesitamos de un mito para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ella todas sus fuerzas. Queremos salvar esa pasión y amamos esa desgracia y, por otra parte, nuestras morales oficiales y nuestra razón las condenan."

Octavio Paz en "La llama doble" un libro fascinante sobre el amor que escribió al final de su vida resume la génesis del amor en una metáfora preciosa: "el sexo es la raíz, el erotismo es el tallo y el amor es la flor. ¿Y el fruto?. Los frutos del amor son intangibles. Éste es uno de sus enigmas."


Y es que para que el amor perdure tiene que existir algo más que la pasión que en nuestra cultura, desde la "revolución del sentimiento" de la ilustración, es necesaria para iniciar una relación de pareja, para legitimar el matrimonio. El psicólogo Robert J. Stenberg de la Universidad de Yale ha desarrollado una teoría del amor triangular. Los tres vértices serían la pasión (sexual, de propia estima, de vinculación con otros, de dominar y ser dominado), la intimidad (dar y recibir apoyo emocional, comunicación honesta, comprensión mutua) y compromiso a corto y largo plazo. Lo que determinaría la satisfacción de una relación amorosa sería el grado de ajuste entre los triángulos del amor de cada integrante. También el grado de coincidencia entre el triángulo del amor real y el triángulo del amor ideal. Como estos triángulos no permanecen estáticos a lo largo del tiempo se requiere un continuo esfuerzo de adaptación mutua en una relación que siempre es dinámica. Esto supone que una relación precisa un trabajo constante de construcción y reconstrucción consciente. La conquista de una complicidad.


Y es aquí donde se produce una conexión cognitiva que puede ser operativa desde el punto de vista terapéutico y educativo. "Lo que en verdad nos espanta y nos desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos." decía Epícteto. En ello se inspiró Albert Ellis para diseñar la terapia racional emotiva que plantea que nuestras emociones, al menos en parte no depende de los que nos ocurre sino de las creencias que tenemos sobre lo que nos pasa. Eso supone que podemos modular las emociones si cambiamos las creencias irracionales, las exigencias absolutas, por otras más racionales, más basadas en las preferencias. Eso nos abre una puerta para intervenir en los "males de amores" que a veces atendemos. A menudo nos aparece una chica joven con un intento de suicidio por una perdida amorosa. A veces es un chico lleno de angustia y hostilidad porque su novia le ha dejado por otro. El ABC de Ellis y una perspectiva histórica sobre el amor nos pueden ayudar a comprender y a plantear una psicoterapia de apoyo con recursos profesionales. Aunque evidentemente tengamos que tener en cuenta muchas más variables en la evaluación y el abordaje que hagamos de ellos.


Este abordaje puede utilizarse también en la educación. La religión del amor se sigue aprendiendo con relatos que actualmente son fundamentalmente televisivos o cinematográficos. Ayer escuché que una encuesta describía que el 50% de las chicas estarían dispuestas a dejarlo todo por amor, incluso a poner en riesgo su vida. Este porcentaje era menor en los varones. En esto hay una inercia histórica. Se ha dicho que "el amor es la droga de las mujeres", que se ha alimentado históricamente de toda una literatura sentimental (Barbara Cartland, Corin Tellado) donde aprendían sus roles de género del que muchas veces terminaban siendo víctimas.

Se trataría de cambiar algún matiz en las palabras del amor que tanto nos gustan y que suelen ser muy tremendistas. Arráncame la vida con todo lo que tengo dice Rosana en una canción. También la frase tan conocida que se dicen una y otra vez los amantes de todas las épocas: no puedo vivir sin ti. Sin embargo quizá tendríamos que aprender a escuchar esas frases o a decirlas con un punto de distancia. Aunque parezca menos romántico quizá fuera más saludable pasar de las exigencias absolutas a la preferencias también en el amor: puedo vivir sin ti… aunque ahora te prefiero a ti, aunque ahora te amo … te necesito…


Quizá si aprendiéramos a educar el amor se mitigaría mucho del sufrimiento ligado a unas creencias excesivamente tremendistas. Quizá alguna gente no se hubiera tomado las pastillas, o hubiera dejado de hacer barbaridades empujada por los celos, o incluso quizá se hubiera evitado alguna muerte de esas de "la maté porque era mía". ¿Pero puede educarse en el amor?, ¿debemos intentarlo?, ¿debemos reinventar el amor como decía Rimbaud? o ¿seguimos dejando que el mito se propague por la bellas novelas, películas, canciones de amor y muerte que tanto nos gustan?.



Publicado por RGC en martes 3 de junio de 2008