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sábado, 14 de mayo de 2011

Tiffany´s



El gato no tenía nombre y el piso apenas muebles, solo un teléfono perdido en una maleta desordenada y un sofá blanco con cojines rosas. Pero abría la puerta, recien despertada, con un antifaz con pestañas y unos tapones en los oidos de los que colgaba una borla azul, haciendo juego con el antifaz. Los zapatos estaban perdidos bajo la cama y la ropa desperdigada por cualquier parte, pero cuando emergía del cuarto de baño para ir a Sing Sing a dar "el parte meteorológico" a un ganster dulce , podía hacerlo con un sombrero esplendoroso y un vestido impecable. Nunca recibía malas noticias sin haberse pintado antes los labios y de vez en cuando, cuando comenzaba la mañana, todavía sin dormir y con el vestido de noche, necesitaba morder un cruasán frente a Tiffany para espantar la niebla del miedo de los "días rojos", porque allí creía estar a salvo de las cosas malas. Se consideraba un animal salvaje y había huido hacia Nueva York persiguiendo un sueño que se le escapaba como el dinero que le daban "los canallas" cada vez que iba al tocador. Sabía de amores que eran cadenas muy dolorosas de romper y por eso cambió de nombre y se llamó Holly queriendo ser otra que no era todavía del todo pero quizá más de lo que ella sospechaba. El que se decía su descubridor afirmaba que era falsa y verdadera a la vez porque creía honestamente todas sus fantasías, como si andara perdida en el camino correcto.


Paul era un escritor que no escribía porque creía haber perdido algo esencial o quizá porque se había apartado de la vida que realmente deseaba. Mientras, no sobrevivía mal del todo como el jarrón chino de una dama amable de la alta sociedad que además de ponerle un piso se lo decoraba bellamente y le dejaba, de vez en cuando, cheques de mil dólares por los servicios prestados. Apaciguaba su angustia en la biblioteca pública mirando su único libro publicado mientras su máquina de escribir no tenía cinta con la que manchar los folios en blanco. Estaba cogiendo impulso pero no lo sospechaba todavía. Su talento solo necesitaba un gato y una vecina que organizara fiestas tumultuosas y cantara "moon river" con una guitarra en el voladizo de la azotea. Un día jugaron a hacer cosas que no habían hecho nunca y Nueva york comenzó a cantar esplendorosa al ritmo de aquel abrigo naranja que tiraba de Paul hacia lo que siempre había buscado. A veces encontrar el verdadero amor es tan dificil como buscar un gato en la lluvia. Pero mientras lo hacían Paul comenzó a escribir cuentos en New Yoker y Holly perdió un matrimonio con un magnate brasileño por culpa del "parte meteorológico". Al final el gato aparece y el animal salvaje decide pertenecer a alguien no sabemos por cuanto tiempo, ni tampoco si desaparecieron del todo los "días rojos" o la angustia de los folios en blanco. Pero necesitamos películas como ésta para seguir pensando que los perdedores ganan algunas veces y que una chica puede comprarse trajes de Givenchy con las propinas del tocador. O que merece la pena mostrar ciertos abalorios porque nuestros gestos, nuestros gustos, incluso nuestras rarezas, conforman lo que queremos ser, otra forma de llamar a lo que en realidad somos y lo único desde lo que pueden surgir los momentos felices. O que la vida contiene todo lo que nos pasa porque a veces la alegría surge tras la angustia y nos pertenece tanto como ella.


Otto Rank aquel psiconalista reprimido al que Anais Nin enseñaba a bailar en los clubs jazz de Nueva York se distanció de las tesis de Freud y afirmó que la forma en que batallamos por nuestra independencia determina el tipo de persona que somos. La mayoría de la gente (los adaptados) con una voluntad (análogo rankiano para del poder del ego) débil se adapta y aprenden pronto a obedecer a la autoridad y a aceptar los códigos morales y sociales existentes. El precio sería la pasividad y el aceptar ser siempre dirigido por otros. Los neuróticos tienen una voluntad más fuerte que la mayoría y les cuesta plegarse al domino externo o interno, incluso llegan a establecer un conflicto contra la expresión de su propio ego. Sin embargo les falta fuerza y terminan constantemente preocupados y culpabilizados de su falta de voluntad. Pero para Rank se encuentran en un nivel de desarrollo moral más elevado que los adaptados. Por fin los que llama productivos, donde incluye a los artistas o a los genios creativos de todo tipo, son conscientes de sí mismos, se aceptan y se autoafirman creando un ideal que les sirve como guía positiva para la voluntad. Así primero se crean a sí mismos y luego intentan crear un nuevo mundo a su alrededor identificándose con la voluntad colectiva de su cultura.


Holly y Paul serían fácilmente catalogados de neuróticos, como Woody Allen o el personaje protagonista de la última película (Medianoche en Paris) que acabo de ver con gran placer esta noche. Y, desde luego Truman Capote o muchos artistas más. Dudan en principio de su propia capacidad y no saben muy bien a donde van pero intuyen un horizonte mejor y por momentos consiguen dar color a la vida. A veces necesitan un Tiffanys para refugiarse del miedo a la soledad o a estar equivocados y un poco apartados del rebaño. A veces crean novelas o películas o estéticas que constituyen el refugio de otros que también tratan de huir de tiempos o mundos actuales que no les gustan. Aunque, como dice un personaje de la película de Woody: casi siempre el presente en apariencia más fastuoso ha solido ser incómodo o insuficiente para los que lo vivieron en esa época y lugar. Quizá porque la felicidad, como el amor suelen escabullirse con demasiada facilidad, como los gatos en la lluvia.


Coda. Aquel chico erraba algunas tardes por las calles de su ciudad y buscaba la vida, que no encontraba a su alrededor, en los escaparates de las librerías. Casi siempre se paraba en los dos, del tamaño de un ventana grande, de una librería de la plaza mayor llamada Aspa. Año tras año esa librería que combinaba lo que era necesario tener para sobrevivir con sorprendentes libros de buena literatura o ensayo había permanecido allí, garantizando también una segura reserva de cuadernos de tapas de hule para sus diarios. El otro día, más de treinta años después, se dio cuenta, en otro paseo, de que había cerrado y de que quizá no volvería ver mas a su silencioso dueño escuchando ópera en una silla de playa. Recordó Tiffanys porque más de una vez había encontrado allí el texto adecuado para mitigar los "días rojos" . Y se sintió inconcebiblemente sorprendido de que algunas cosas no duraran siempre.



martes, 9 de noviembre de 2010

Johnny Guitar



No es fácil amarse porque el amor es una paradoja que se nutre de obstáculos y es, en cierta medida, un sueño. Pero también constituye el último refugio para los que no se conforman y deciden plantar cara al destino y a los que tratan de hacer de esta vida una pesadilla totalitaria.


Los cuervos siempre visten de negro como la gente "decente" que odiaba a Vienma (Joan Craford) porque quería ser independiente, libre en la forma de llevar su negocio o elegir a sus amigos o pensar. A los inquisidores de cualquier laya, de cualquier tiempo, les vale cualquier pretexto y son capaces de utilizar cualquier medio, sobre todo la mentira, para conseguir sus fines y solo un héroe puede enfrentarlos, siempre en el borde de convertirse en un monstruo para poder vencer a otros monstruos.


A Jhonny Logan (Sterling Hayden) su rapidez con el gatillo lo había alejado hacía años de Vienna pero ese defecto constituía ahora una ventaja, sobre todo si había aprendido a tocar la guitarra y a guardar silencio y a esperar. A no necesitar mucho más que un café caliente y un buen cigarro para disfrutar el sol con cierta esperanza.


Tienen miedo de perderse de nuevo y se miran con ojos incendiados mientras se mienten para decirse la verdad. Los amenaza un nuevo obstáculo: para seguir juntos tienen que defender lo que han construido en todo este tiempo y eso está ahora muy amenazado por los que "cazan brujas" y están dispuestos a todo.


Me gusta otro héroe. El minero tuberculoso que lee novelas y es un sentimental dispuesto a correr riesgos por estar en el lado que considera adecuado. No es el más fuerte y quizá tiene miedo y tose, pero sabe permanecer en su sitio cuando sería fácil pensar que ya no merece la pena. El compromiso con los retos de la vida que la hace triunfar justo hasta el borde de la muerte.


Al final Jhonny salva a Vienna para que ella misma rescate su libertad luchando a solas con Emma (Mercedes McCambridge) en un duelo de mujeres que saben usar las armas de los hombres. Para entonces los malos ya se han arrugado y se disponen a volver a sus tristes vidas. Lo que por desgracia no ocurre siempre fuera de las películas.


Dicen que Nick Ray quería hacer algo más que una película del oeste, que trataba de denunciar el Macarthismo que había quebrado su generación, que había puesto a prueba en la realidad los principios que tan resplandecientes y claros aparecían en el cine y el teatro de aquellos años de las postguerra.Tuve la suerte de encontrar hace un par de veranos Mi vida, la magnífica biografía de Elia Kazan que tuvo con Ray, desde los comienzos en el Theatre of action, una relación ambivalente toda la vida.


Fueron amigos y en ese crítico momento se situaron en bandos opuestos. Se distanciaron. Pasaba el tiempo y sabían cosas el uno del otro por personas interpuestas. Volvieron a encontrarse cuando ya Ray estaba herido por el cáncer y Win Winders lo estaba filmando, lo que al principio a Kazan no le gustó nada. Luego lo pensó mejor y quizá su propia necesidad de justificarse lo lleva, unas páginas más adelante, a intentar comprenderlo y de paso a reflexionar sobre lo que realmente mata en la vida y la importancia de vencer la necesidad de aprobación que, según él, termina quebrando la autoestima, el núcleo de identidad que debe dictarnos nuestras propias normas. Curiosamente hay muchos paralelismos entre Johnny Guitar y La ley del silencio aunque traten de justificar cosas distintas. Para él Ray, como Harold Clurman, John Steinbeck o Clifford Odets fueron víctimas de una derrota íntima propiciada por una frustración de expectativas profundamente sentidas. Ciertos fracasos significativos los llevaron a la desesperanza y de ahí a la destrucción física en un proceso misterioso y al mismo tiempo evidente. (Años después Susan Sontag cuestionaría esa conexión psicosomática muy asumida culturalmente en aquellos años con respecto al cáncer en La enfermedad y sus metáforas


Pero dejemos a hablar a Kazan:


Nick (Ray) tenía la personalidad característica de determinado tipo de actores y directores -ser un tipo duro cuando estaba entre tipos duros, un poeta con los poetas, un matón de bar entre matones de bar, un amante que pensaba que merecía perder la vida por el amor cuando estaba con una mujer. Ponía en práctica esa faceta del Método Stanislavski que le habían enseñado hacía mucho tiempo: meterse dentro de los personajes. El actor integral era el que tenía la capacidad de ser todos los personajes al mismo tiempo. Conocía el tema por propia experiencia. Nick era varias cosas contradictorias - un burgués y un veterano de la lucha de clases; un maestro de la técnica de la interpretación diferente a la de Lee Strasberg; un aristócrata en sus gustos y un campesino de espíritu; un marido fiel y un padre devoto que, no obstante, quería acostarse con todas las chicas que le atraían; quería tenerlo todo, ser disciplinado y disoluto, un santo y un pecador, modesto y arrogante, un partisano de la izquierda transigente con la derecha, un rebelde que finalmente resultaba incontrolable. Yo me planteaba esta pregunta: ¿no quieren la mayoría de los artistas ser todo, no perderse nada, experimentar todas las experiencias incluso la muerte, conocerlo todo íntimamente, probar y disfrutar sin respetar ningún límite?. Nick y yo nos parecíamos mucho. Los dos habíamos comenzado como actores y luego nos habíamos convertido en directores. Pero él "se metía hasta el fondo" y yo no. Yo era más disciplinado, más controlado, más prudente, más burgués. Tal vez pensé, él ha sido mejor artista, más arriesgado. ¿No ha sido el más profundo deseo del hombre a lo largo de toda la historia poder tenerlo todo, cielo e infierno?. Fausto vendió su alma por ello… Es la pregunta básica que plantea la vida: ¿qué se quiere y qué se está dispuesto a sacrificar para conseguirlo?. Nick siempre se creaba una imagen moldeada sobre la impresión que quería dar pero siempre era una imagen diferente."



"La película de Win Wenders que me había prometido no ver y finalmente ví…contenía un extraordinario primer plano de Nick al borde de la muerte. El director moribundo, que se sabe que se está muriendo, mira de frente al objetivo y dirige su última escena que es su propia muerte… Nick no quería morir. Quería seguir adelante. No se rindió ni por un momento, ni un centímetro de película. Incluso al final cuando estaba peor, se aferraba a cada centímetro de vida, de la película en que su vida se iba a preservar. Puedo comprender que a muchas personas les parezca una farsa. Pero a mí me parece heroico …



"Algo misterioso y terrible ocurre cuando una persona deja de seguir preocupándose por ser ella misma… Ahora, mientras me adentro en una edad peligrosa, me digo a mí mismo que la vida se agota inevitablemente, pero también hay otros enemigos, y que lo importante es fortalecer y mantener la autoestima. Decidí que nadie me volvería a hacer daño, no en este punto vital: soportaría todas las pruebas, sobreviviría a todos los rechazos y haría todo lo posible para vivir de acuerdo con mis propias normas, sin hacer depender mi vida de la aceptación de los demás (este es el primer mandamiento en el mundo del cine y el teatro), sin necesitar sus alabanzas ni alcanzar las metas que ellos querrían imponerme, ni sentirme vencido por no alcanzarlas. Por mucho que sufriera mi cuerpo no iba a rendirme ante nada que pudiera dañar mi espíritu."