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sábado, 3 de marzo de 2012

Hyperbole


A los médicos nos cuentan cada día muchas historias, muchos fragmentos  de vidas, llenas de color emocional, de angustia, de ira o de esperanza. Quizá por eso, a menudo,  necesitamos leer relatos que nos ayuden a comprender los matices de la intersubjetividad, los leves hilos que unen las palabras con la corriente de conciencia que se agita en lo más profundo de la personas, con  la sutil trama de relaciones que conforma la memoria o la percepción del cuerpo y del mundo.

Tras haber leido Madame Bovary o La educación sentimental,  Ana Karenina o los cuentos de Chejov, los Ensayos de Montaigne o La conquista de la felicidad, las conductas y motivaciones  de las mujeres  y de los  hombres aparecen un poco más trasparentes, con más posibilidades de ser comprendidos con distancia y empatía.

Pero además los médicos necesitamos una evasión llena de significado y también de una cierta frivolidad, porque para contemplar el sol de la tragedia humana se precisan ciertas gemas de calidad que permitan que nuestra mirada no se pierda en la oscuridad de la despersonalización, la melancolía o la banalidad.

Por eso, porque en estos tiempos de superespecialistas no es fácil aprender elegir buenas opciones culturales que permitan disfrutar mejor la vida hemos creado Hyperbole .

Hyperbole es, sobre todo, una revista cultural pero  pretende también estar llena de vida, de actualidad y de cosmopolitismo. Desea divulgar las ciencias (naturales y sociales) para propiciar un conocimiento que permita acercarse al mundo  desde una perspectiva integradora y actual  pero sin dejar de frecuentar  el reportaje periodistico, la entrevista y la opinión un poco distanciada. También incluirá literatura, cine, fotos y sugerencias para gente interesada en la alegría de vivir: musica, peliculas, ropa, diseño, viajes...

Hyperbole quiere reunir a los que aman la cultura de cualquier edad y condición  y crear esas conexiones  de las que pueden surgir "cisnes negros", o un rato de placer intelectual o estético, o una buena idea para comenzar un cambio necesario.

Pretendemos reunir en este escaparate una selección diversos  productos de distinto tipo para que puedan ser disfrutados con gusto y facilidad, porque ahora hay mucha información en la red  pero no es fácil encontrar lo esencial, lo contrastado, lo bello, los datos de los que realmente piensan o crean con veracidad o talento.

Seguiré escribiendo en este blog pero os invito a frecuentar Hyperbole como lo haríais con uno de esos bares amables donde puede esperarse encontrar buena música y excelente compañía. También,si os gusta escribir, estais invitados a participar y podeis comunicaros con nosotros  en este  correo.

Muchas gracias por frecuentar este blog que está a punto de cumplir tres años. 

domingo, 19 de julio de 2009

Contextos

Se dice que las personas somos poliédricas pero a menudo no desarrollamos todas las carillas que podríamos tener. Con frecuencia nos resumimos en formas simples y previsibles, quizá hasta planas. Nos relacionamos con un par de relatos de los posibles sobre nosotros mismos. Nos mostramos ante los demás con un mismo rostro y ni siquiera sospechamos que hay otras perspectivas de vislumbrar las cosas que nos pasan. O las sospechamos pero no es fácil descubrirlas, darles formas, ponerles palabras, construir las vías de acción por las que deslizarse hacia otros lugares de relación o de vida.

Quizá la educación, la cultura ("Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico", según la RAE) debería servir para iluminar el mundo de posibilidades, de referencias. Lo que nos ocurre ya ha pasado otras veces, ya le ha ocurrido a otros que pusieron en marcha respuestas, que ensayaron perspectivas, conceptualizaciones, que intentaron soluciones con mayor o menor éxito. Tener la posibilidad de conocer otras voces, otros ámbitos de todos los tiempos, de culturas diferentes puede aportar mejor capacidad de adaptación, mejor relación con uno mismo, mayor capacidad de afrontamiento ante las dificultades que suelen ser comunes a la condición humana. A menudo inventamos de nuevo la rueda para resolver un problema personal o para buscar un sistema de significados cuando podríamos apoyarnos en los que otros ya han hecho, buscar nuestro camino con el apoyo de lo que la humanidad ya conoce.


Esta es la idea que defiende Theodore Zeldin http://en.wikipedia.org/wiki/Theodore_Zeldin
en Historia íntima de la humanidad (Alianza Editorial 1997), un libro realmente maravilloso.

"...Lo que opinamos sobre los demás y lo que vemos al mirarnos en el espejo depende de nuestro conocimiento del mundo, de lo que creemos posible, de los recuerdos que tenemos y de si somos leales al pasado, al presente o al futuro. Nada influye tanto en nuestra capacidad para hacer frente a las dificultades de la existencia como el contexto en el que las contemplamos; cuantos más numerosos sean los contextos a a nuestro alcance, menos inevitables e insuperables parecerán las dificultades. El hecho de que el mundo se haya llenado más que nunca de todo tipo de complejidades podría hacernos pensar en un primer momento que es dificil hallar una salida para nuestros dilemas, pero, en realidad, al aumentar las complejidades aumentan también las brechas por donde escurrirnos. Mi intención es buscar huecos no localizados, pistas que se han pasado por alto."


"...No obstante, a pesar de los nuevos anhelos (de la modernidad) gran parte de las actividades de la gente está guiada por formas de pensar antiguas. Tanto la política como la economía han resultado impotentes ante la obstinación del atrincheramiento mental. No se pueden cambiar las mentalidades por decreto, pues se basan en recuerdos que es casi imposible aniquilar. Sin embargo sí se pueden expandir los recuerdos personales ampliando los propios horizontes y, cuando esto sucede, hay menos posibilidad de seguir interpretando viejas cantinelas y repetir los mismos errores."

Y así, en el libro, parte de un galería de retratos, como historias clínicas vitales, que pueden propiciar una reflexión a la que va añadiendo perspectiva histórica y conocimientos de diversa procedencia. De pronto la historia deja de ser cerrada. Admite otras visiones, permite ser habitada con otras emociones y otras esperanzas.

Cada día mi consulta está llena de gente que tiene problemas con el relato que hace de su realidad hasta el punto de que les crea enfermedad (o al menos deciden acudir al médico) o que les hace no soportar enfermedades que podrían ser sobrellevables si se las tomaran de otra manera. Muy a menudo veo gente que no tiene bagaje cultural para encontrar nuevas perspectivas o vías de cambio, lo que es una de las formas del analfabetismo que limita, a veces de manera determinante, la ayuda que se les puede prestar. Creo que el aumento de trastornos adaptativos tiene que ver con esto.

Lo que se aprende en el colegio tendría que estar vinculado a la vida. Conocer cosas prácticas que ayuden a vivir mejor, reflexionar sobre cuestiones que permitan encontrar mejores significados a la vida y al mundo. Aprender a relacionarse con uno mismo y los demás. Conversar como una búsqueda, como un intercambio de autorrevelaciones que nos muestran al otro y también su perspectiva sobre asuntos que nos interesan. Relacionarse aprendiendo a mitigar o solucionar los problemas de toda relación. Lo preocupante del fracaso escolar no es que los chicos suspendan, sino que quizá pierden para siempre la oportunidad de encontrar esa vinculación y cometerán errores, de todo tipo, que hubieran podido evitar. A menudo la tragedia surge de decisiones aparentemente banales o impulsivas. La profecía autocumplidora puede ser, sobre todo, una falta de recursos para controlar la propia vida.

Por eso el libro de Zeldin me parece especialmente interesante para los medicos. Porque aporta buenas ideas que nos pueden ser útiles en la consulta para aconsejar a los pacientes. Porque nos ayuda a situarnos en una mejor perspectiva en unos tiempos complejos. Sobre todo porque nos sugiere que que todos los tiempos lo han sido y que toda vida puede encontrarse con la dificultad de la que solo uno puede salir.

Zeldin, ahora, a traves de The Oxford Muse http://www.oxfordmuse.com/ trata desarrollar un proyecto que promueva un cambio en la vida cotidiana de la gente que quiere pensar con más imaginación para mejorar sus emociones, a través de la práctica de las artes y la conversación, para limitar el impacto negativo del trabajo, para comprender mejor el pasado y tener una visión más clara del futuro. Algo que les parece que puede tener también una virtualidad sanitaria porque al propiciar la buena vida puede permitir limitar la enfermedad. Un buen proyecto al que podéis uniros.

sábado, 11 de julio de 2009

Encierros

Elisabet Badinter http://fr.wikipedia.org/wiki/%C3%89lisabeth_Badinter, en La identidad masculina (Alianza editorial, 1992), argumenta que en la mayoría de las culturas no es fácil sentirse un hombre de verdad, que las mujeres desde que tienen la menarquia nunca dudan de su condición, pero que los varones precisan de complicados y crueles ritos de iniciación para demostrarse que no son mujeres, que no son homosexuales, que son fuertes y no son ya unos niños. Tienen que demostrar, con pruebas, ser hombres auténticos, como si la masculinidad no se otorgara automáticamente y tuviera que fabricarse, siempre con el riesgo de no ser suficientemente macho o serlo demasiado.

También cuenta que Hemingway tuvo una madre autoritaria y fuerte que lo disfrazó como una chica durante varios años y un padre débil, sin autoridad, con el que no pudo identificarse y que toda su vida dudó de su masculinidad. Quizá por eso se pasó la vida odiandola ("como ningún hombre ha podido odiar a su madre", según le escribió en una carta a su amigo Dos Passos) y buscando el riesgo, como una forma de encontrar una sensación de identidad masculina que no sentía. Tenía, al parecer, motivos personales para que le gustaran las guerras, las armas el alcohol y los sanfermines. Quizá aparentaba valentía pero muy probablemente sabía resguardarse en burladeros seguros o solo huía hacia delante, una forma como otra cualquiera de ser un cobarde y un nihilista.

Estos días no he podido evitar ser invadido por el despliegue mediático alrededor de los sanfermines. La mayoría de cadenas de TV y radio los están retramitiendo en directo, con todo tipo de medios y bellas locutoras con un pañuelo rojo en el cuello. He visto a concejalas gritando desde balcones que viva un santo, el mismo al que cada mañana le cantan los mozos (en español y en euskera) que van a correr el encierro, para que no les pase ningun percance. He visto a intelectuales hablando de la alta cultura que representan estas fiestas y a médicos que se ufanan del gran dispositivo sanitario allí montado para tratar cornadas y borracheras. He oído hablar de carreras bonitas y feas, comentadas por voces emocionadas que sobre todo apelan a la tradición para justificarlo todo.

A los mozos que he visto agolparse en el encierro seguro que no les faltaba ninguna vacuna. Es muy probable que unas madres abnegadas los hayan llevado de pequeños a todas la revisiones de los mejores pediatras; que les buscaran la mejor guardería, el mejor colegio que pudieran permitirse, que los alimentaran con las mejores leches, potitos y petit suiss. Es posible que algunos de sus padres hubieran dejado de fumar hace años para que el humo del tabaco no dañara pasivamente sus pulmones y que estuvieran ahorrando para pagarles algún master o unas clases de inglés en un país extranjero. Quizá los muchachos que estén trabajando no hayan dejado de acudir a sus reconocimientos laborales y algunos serán practicantes de una dieta sana.

Sin embargo ahí están jugándose la vida convencidos de que participan en una gesta memorable. Se pueden buscar causas antropológicas, profundos complejos de Edipo o infancias difíciles con madres autoritarias. Se puede pensar que "molan mazo las subidas de adrenalina" y que hay que evadirse a través de la trasgresión y el riesgo en la fiesta, porque si no la vida es insoportablemente aburrida y sentimos el aliento de la muerte. Pero también puede hablarse de superstición y barbarie. De un país que ha abdicado de la racionalidad, el conocimiento y el progreso.

Pero todo eso da igual. Veo la foto de un chico joven con la cara ensangrentada y se que ha muerto. Una muerte que sí hubiera podido prevenirse y evitarse. No ha sido un accidente. Ni ha intervenido ningun santo.